La viceministra de Gastronomía, Sumaya Prado, mantuvo una reunión de trabajo, este lunes 15 de diciembre, con los coordinadores del proyecto de la Unesco titulado “Atlas Internacional de Alimentos y Plataforma Digital para salvaguardar, promover y transmitir las tradiciones alimentarias a las generaciones futuras”. Este importante proyecto tiene como objetivo investigar y documentar cuatro experiencias gastronómicas representativas de Bolivia.
El encuentro tuvo lugar en el Palacio Chico, ubicado en la ciudad de La Paz y participaron la viceministra Prado; la coordinadora del proyecto, María Lupita Meneses; el gestor cultural, David Aruquipa; y el antropólogo Gery López, además, de forma virtual la especialista de Cultura de la Oficina Regional de la Unesco en Montevideo, Alcira Sandoval.
Durante la reunión, los participantes discutieron los avances de la segunda fase de implementación del proyecto en el país, que se desarrolla desde septiembre hasta marzo de 2026, que se centra en la investigación y documentación detallada de los lugares donde se originan estas experiencias culinarias, con el fin de que puedan ser debidamente incluidas en el atlas.
En primer lugar, se destaca la práctica alimentaria del apthapi, que es una reunión comunitaria para compartir los alimentos producidos localmente. Esta tradición, que simboliza la reciprocidad y la unidad, fue documentada en la comunidad de Colquencha, en el departamento de La Paz, en la celebración de la festividad del Señor de la Exaltación.
La segunda práctica se centra en el ají y el maní, ingredientes tradicionales de la culinaria de los valles de Chuquisaca, donde la vasta variedad de ajíes —incluyendo el colorado y el amarillo— son elementos esenciales en la preparación de platos que definen la identidad local.
Como tercera experiencia, se documentan los licores artesanales de Vallegrande, en Santa Cruz, cuya elaboración se realiza a partir de frutas silvestres endémicas y cultivadas en la región. Frutos como la yana yana, la quirusilla o la guayabilla son transformados artesanalmente para crear bebidas que se consumen en el Carnaval de Vallegrande que fue declarado “Patrimonio Cultural Inmaterial” de Bolivia.
La cuarta práctica investigada es la pesca tradicional del pueblo Weenhayek, una nación nómada que se asentó a orillas de los ríos Pilcomayo y Bermejo, en la región del Gran Chaco cuya cosmovisión está ligada a la naturaleza.
En esta segunda fase del proyecto, los esfuerzos se concentrarán en la documentación y promoción del ají y maní y la pesca. El objetivo es la promoción de estas las tradiciones a las futuras generaciones mediante el uso estratégico de tecnologías digitales, contribuyendo así a los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
La primera fase de este proyecto consistió en un exhaustivo mapeo inicial de diversas experiencias alimentarias en Bolivia, lo que permitió identificar y seleccionar estas cuatro prácticas específicas. Este proyecto es posible gracias al generoso financiamiento del Ministerio de Cultura del Reino de Arabia Saudita.
![]()

