Por: Max Rodolfo Vino Arcaya
La periodista Yadira P. estuvo en los dos extremos de un caso de acoso sexual, cuya causa ingresó el 8 de marzo de 2017 con la presentación de la denuncia contra el exgerente General de Bolivia TV, Carlos Flores Menacho, quien bajo la protección del aparato institucional y judicial de ese entonces, hizo caer una cascada de procesos penales sobre la víctima, en su afán de que desistiera de la acusación.
La tarde del pasado jueves 16 de abril, Yadira P. convocó a los periodistas para dar conferencia sobre su caso, en la plaza Murillo, desde donde brotan los hechos de la coyuntura o temas particulares, que son colocados bajo del termómetro periodístico.
Han transcurrido nueve años de esta lucha en busca de justicia, Yadira se mantiene firme, aunque su grito no tiene el mismo eco de ese entonces, porque reconoce que muchos de sus colegas son nuevos y requieren un contexto de los acontecimientos. Los muros siguen rodeando a Yadira, ahora levantados por dos periodistas jóvenes, de Medios independientes, quienes acudieron a la cita, pero retrocedieron de inmediato. “No te voy a publicar, porque no es mi área”, con estas palabras ellas se desmarcaron, ignorando, con premeditación o por inocencia, que los tentáculos de la violencia de género tienen un alcance transversal.
Yadira guarda su frustración, no se sorprende ni se indigna, ha vivido muchas vidas durante estos nueve años, que un desplante de este tipo, de compañeras, no le sacará de su enfoque.
Titulada en Comunicación Social de la Universidad San Agustín de Loyola, de La Paz, Yadira hizo su vida entre la sede de Gobierno y su natal Trinidad. Trabajó en la Jefatura Regional de Bolivia TV, con funciones operativas, sin dejar a un lado la cobertura periodística. Su mundo profesional transcurría con calma hasta que en noviembre de 2016 fue víctima de acoso sexual, en tres ocasiones, haciendo conocer de este hecho a la Gerencia General, que, por ese tiempo, estaba bajo la responsabilidad de la periodista Gisela L. Tiempo después, Yadira fue retirada de la fuente laboral. Pese a que su salida fue producto del acoso, el Ministerio de Trabajo debería pedir al empleador su reincorporación.
El acusado, Carlos Flores Menacho, hizo saber que no estaba solo, que tenía las conexiones y flujo de conversación directa con Joaquín Rodas, quien ocupó varios cargos durante el anterior Gobierno, y con G.L., quien, para entonces, en corto tiempo, escaló hasta el Ministerio de Comunicación, en el régimen del MAS. Con esta injerencia política, el proceso inicial quedó perjudicado.
Estos procesos iniciados a la víctima fueron los siguientes: difamación y calumnias interpuesta por el agresor; ganancias ilegítimas por Rodas; acoso político y violencia política por G.L.; y supuesto daño económico e incumplimiento de deberes, que fue insertado por Bolivia TV.
“Ayer (15 de abril) se instaló la última audiencia, con la cual cierra todos los procesos en mi contra por falta de pruebas y eran falsas, esto evidenciaba que estas denuncias buscaban beneficiar a Carlos Flores Menacho”, declaró Yadira, quien llegó a La Paz para pedir las copias legalizadas para activar las contrademandas contra estas exautoridades.
Cuando este caso se desbordó, G.L. anunció la suspensión de Flores Menacho de su cargo como Gerente de Bolivia TV para que pudiera defenderse de las acusaciones; sin embargo, Yadira había tocado una fibra sensible, llegando a sufrir amenazas y la censura en los Medios de Comunicación. En ese momento, sus colegas, abiertamente, le dijeron que por la pauta publicitaria recibida del Gobierno no podían darle espacio y el apoyo pasó a ser a título personal.

Foto: APG Noticias/Max Vino
LA AMENAZA
La denuncia de Yadira movió la plataforma política, al punto de que tuvieron que pedirle que desista para permitir que el agresor siga cumpliendo las funciones de gerente. Fue cuando, la parte acusada no llegó a medir sus palabras, causando preocupación en el entorno familiar de Yadira por las acciones que podían suceder.
“Me dijeron textualmente, que yo estaba sola y él (Flores) estaba en el poder, el sistema judicial iba a hacer lo que ellos decían y que me iba a pasar lo mismo que Hanalí Huaycho”, estas palabras, sin el respeto por la memoria de la periodista asesinada, en 2013, por el oficial de policía Jorge Clavijo Ovando, fueron usadas para intimidar a Yadira.
Es aquí que donde entra la Ley 348, que favorece a la víctima y protege sus derechos, mostrando la ruta a seguir con presentación de una denuncia ante la Fiscalía. Sin embargo, por tratarse de una entidad pública, existen mecanismos internos para atender el caso en primera instancia, pero esta autorregulación terminó mostrando que el agresor tenía las fichas a su favor.
“El mediador era el responsable de Transparencia del canal, Omar Méndez, quién, supuestamente tenía que hacer una investigación del área, fue el encargado de amedrentarme, amenazarme, incluso de decirme eso (mencionar a Hanalí Huaycho)”, cuenta Yadira.
Méndez reconoció ese año, en un video de una toma simbólica del estudio de Bolivia TV que hizo el colectivo Mujeres Creando, que estaba a favor de Flores Menacho, abriendo un abismo, que engulle y silencia a su paso a las víctimas.
Frente a este desgaste por violencia e impunidad, Zulema Alanes, expresidente de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), recordó el caso de la periodista Nadia Apaza, quien se quitó la vida en marzo de 2025, luego de ser víctima de una agresión sexual de parte del fotoperiodista Álvaro Valero, sin encontrar respuesta oportuna en el sistema judicial.
“Como se ha demostrado en el caso de Nadia, las instancias del sistema de protección, que deberían actuar, para garantizar la justica, no han activado todos los mecanismos a disposición. Nadia es el ejemplo de por qué muchas mujeres no se animan a denunciar”, menciona Alanes.
La parte del agresor, tanto en el caso de Nadia como de Yadira, no midió las consecuencias en sus acciones ni en sus palabras, dejando a un lado un punto importante que tiene que ver con la herida que dejaba este delito en la identidad de las víctimas.
“Las compañeras que acompañamos a menudo sienten una culpa paralizante, preguntándose si ellas provocaron la situación. Dicen estar ansiosas y agotadas mentalmente, que te quitan las ganas de ir a trabajar”, explicó Rehembran Humerez, educador Popular en Educación Integral en Sexualidad, Asistente de Investigación y Educación CIES Salud Sexual, Salud Reproductiva, Regional La Paz.
La presión siguió contra Yadira, quien fue citada por el director Jurídico del canal para la firma de su desvinculación, fue ahí cuando volvió a encontrarse con Flores Menacho, quien se apareció de “casualidad” y “empieza a decirme ´que lo piense mejor, que estoy sola, que piense en mi hija´ y que él podía hacer de que desistan, de que yo debería llegar a un acuerdo, sino me iban a iniciar procesos penales”.
Es así que la valoración psicológica, realizada por el IDIF, fue anulada, documento en el cual se acreditaba la veracidad del daño psicológico. Yadira recuerda que: “Ellos consiguieron anular esa pericia y como estábamos al borde de los plazos procesales la rechazaron. Me perseguían, pretendían meterme a la cárcel”.

EL AGRESOR
Yadira no fue la única víctima, su colega, la periodista Claudia P. de la regional Santa Cruz de Bolivia TV, también presentó cargos por el mismo delito contra Flores Menacho, quien con ayuda de sus nexos con la justicia trajo el caso a La Paz en 2017.
En una entrevista extensa publicada en el periódico Página Siete, Claudia da a conocer el nivel de influencia que tenía el agresor y como el camino se hacía estrecho para ella y Yadira. Para hacer fuerza común, se sumó a la demanda de su compañera. Sin embargo, desde la Unidad de Transparencia, en Santa Cruz, le dijeron que desista del proceso porque Flores Menacho “tenía bastantes influencias y que en una semana estaría fuera del canal”.
En ese entonces, hubo una reunión que terminaría de pintar de pies a cabeza a Flores Menacho, se trataba de una junta con los empleados, con la presencia de la ministra de Comunicación (G.L.), de acuerdo con la versión que Claudia dio al periódico. Flores denunció un complot, un intento de desestabilización, ofendiendo y anunciando procesos judiciales.
Por esos días, Flores ya era gerente General, ascendido por la ministra. “Todos mis colegas estaban ahí. Una vez que terminó de dañarme a mí, hablando de mi vida personal, hablando de mi mamá, empezó con Yadira”, contó Claudia.
“El acosador suele ser alguien que ha internalizado que el poder se demuestra dominando a otros. A menudo, su comportamiento se refuerza con un entorno cómplice o si el lugar de trabajo, empresa/institución, prefiere ignorar las señales para supuestamente no ´afectar el clima laboral´”, apunta Humerez.
“Si yo me callaba y Yadira se callaba este señor iba a hacer lo mismo y peor, porque tenía más mujeres bajo su mando”, dijo Claudia aquella vez. En marzo, conocida la denuncia de Yadira, Flores Menacho fue apartado de Bolivia TV, al mes siguiente ingresó a la Procuraduría Contraloría General del Estado, pero esta institución, conocidos los antecedentes, anunció su desvinculación en abril de 2017.

Foto: captura de pantalla.
EL SISTEMA
Es evidente que el sistema patriarcal premia el autoritarismo. Pese a que las víctimas, contaban con pruebas consideradas válidas, como mensajes de texto, llamadas telefónicas o personas que conocían de hechos anteriores, el agresor ha conseguido librarse del castigo, ampliando el espectro de violencia, en particular, durante el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), incentivando a sus bases a atacar y descalificar a los periodistas.
“Necesitamos formar liderazgos que entiendan que el respeto no es negociable y que la protección de la integridad de las trabajadoras, quienes son principalmente las víctimas de acoso laboral, es la base de convivencia saludable en cualquier entorno”, afirma Humerez, deslizando la importancia de contar con profesionales interdisciplinarios en las instituciones.
De acuerdo con los registros de la APLP, los ataques sufridos por las compañeras han sido diferentes a los recibidos por los varones, pasando de la violencia verbal a los tocamientos.
“Manifestantes de diferentes corrientes se han atrevido a cometer estas agresiones. En ninguno de los casos ha habido acción del Estado para conseguir sanciones para los responsables”, agregó Alanes.
Mientras más acercamos la lupa a la sociedad y su comportamiento, nos encontramos que dentro de las redacciones periodísticas también se ha cometido acoso sexual, dejando expuesta la falta de protocolos ante la comisión de estos delitos y la necesidad de una reflexión colectiva.
En 2015, la Fundación GABO publicó los consejos recogidos de mujeres periodistas, una recopilación realizada por la periodista Sherry Ricchuardi de International Journalist Network (IJNet), que indica lo siguiente:
–Deje claro que los comentarios sugerentes, bromas crudas y toques inapropiados son ofensivos para usted.
–De una manera tranquila pero firme, recuérdele al acosador que usted es una mujer profesional.
–Mantenga un registro escrito de lo que el acosador le dice o le hace a usted.
–Si el comportamiento dificulta su trabajo y bienestar, hable con alguien de confianza.
–Si usted está siendo acosada o teme por su vida, acuda a las autoridades.
–Fomente a los administradores de la empresa para que creen un sistema que permita reportar el acoso sexual.

LA VIDA DESPUÉS
Durante estos nueve años, Yadira ha tenido que moverse con un perfil bajo, haciendo consultorías, ocultándose de la estigmatización, siendo considerada como una persona problemática, todo generado a través de las redes sociales y de los Medios, en su momento.
“Con todos los procesos en mi contra, me hacían ver como la villana, de ser víctima pasé a ser acusada. La condena social, la violencia digital, que no está normada, ha sido más difícil, donde más daño he sufrido por esa condena de la sociedad y porque ellos eran autoridades, ellos tenían la verdad y eso no está bien”, apuntó Yadira, en su paso por La Paz.
En cuanto a la exministra de Comunicación, volvió al oficio, detrás de un micrófono, conduciendo, desde hace un año, un programa de entrevistas a la “elite” del periodismo boliviano y otros personajes vinculados a la música y las letras.
Un sinfín de porqués esperan respuesta en su puerta, en su buzón de mensajes de WhatsApp. Y en el transcurso de esta recopilación, saltó una interrogante singular: ¿Usted se considera una víctima indirecta del sujeto en cuestión? Conocidos los antecedentes, Flores Menacho ascendió de Gerente Regional a Gerente Nacional, bajo el amparo de ella. Esa era una forma de violencia de género de él hacia ella.
Quizá desde su Máquina de Escribir, ella aborde, en algún capítulo, las injusticias que viven las compañeras, para quitarse ese peso de conciencia que carga.
En 2017, Flores Menacho fue citado a declarar a la Fiscalía, salió guardando silencio, cubriéndose el rostro con una gorra, aunque todo el mundo ya sabía quién era, acompañado por su abogada (otra mujer que salió en su defensa) y desde entonces poco se sabe de él. La última credencial que sacó del colegio de abogados tenía una fecha de emisión de 2015 y era válida hasta 2021.
“No lo sé, perdí rastros, deben seguir en Bolivia, me he enfocado en mantenerme, en resistir, seguir adelante y sobre todo en busca de la verdad y que se haga justicia, que se demuestre que soy inocente y que toda la persecución sólo fue una estrategia para beneficiar al principal agresor, Carlos Flores Menacho”, indica Yadira, manteniendo el tono firme en su voz.
En esta tarde de jueves, el cielo paceño acompaña el relato de ella, con unas gotas que bien podrían ser lágrimas de indignación por ella, por Claudia, por las demás víctimas acalladas.
“Han pasado nueve años –concluye Yadira–, seguimos en busca de justicia, no sólo por mí, por todas las mujeres que sufren acoso sexual, por miedo y vergüenza terminan yéndose de sus fuentes labores, cuando en realidad tiene que irse el agresor. No es posible normalizar estos delitos, penados por el Código de Procedimiento Penal, no es algo normal, es un delito y no denunciarlo es hacerlo cómplices”.
APG/MR
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