Todas las mujeres, en algún momento de su vida, atravesarán por la menopausia. Pero ¿en qué condiciones lo harán? Lo más probable es que sea al margen de las políticas públicas, estigmatizadas por no encajar en lo que se espera de ellas, en silencio porque es un tema tabú, en soledad y vergüenza por no entender lo que les sucede; todo esto frente a un sistema de salud deficiente.

Entre el silencio y la soledad
“No entendía lo que le estaba pasando con mi cuerpo, era un conjunto de malestares físicos, fiebre, dolor de cabeza, falta de apetito e inflamación. También sentía tristeza, ansiedad y enojo; nadie me comprendía y por mucho tiempo decidí guardar silencio. Traté de buscar respuestas preguntando a otras mujeres, quería saber si yo era la única que tenía esos malestares y sentimientos, pero algunas se sonrojaban y otras simplemente evadían la conversación; había vergüenza, como si fuera algo terrible en la vida de una mujer. Los únicos comentarios que escuchaba eran: ya terminó tu ciclo, estás envejeciendo, no se habla de eso con el esposo o novio porque dejan de quererte, ya no eres una mujer joven”, recuerda Melvy Aliaga, mientras la tristeza se refleja en su rostro.
Al igual que ella, centenares de mujeres atraviesan el período de la perimenopausia y la menopausia con barreras en el ejercicio de sus derechos sexuales y derechos reproductivos; sin acceso a información, sin atención en salud y sin la posibilidad de tomar decisiones informadas; en soledad y silencio, estigmatizadas y sin respuestas claras.

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De acuerdo con la Norma Nacional de Diagnóstico y Tratamiento de Ginecología y Obstetricia del Ministerio de Salud de Bolivia, el climaterio es la fase previa a la perimenopausia y menopausia; en este tiempo el cuerpo de la mujer reduce gradualmente la producción y calidad de los óvulos y hormonas, especialmente estrógenos.
A partir de esta disminución hormonal, comienza la perimenopausia, que marca el inicio de los cambios en el ciclo menstrual, ésta puede volverse más irregular, abundante o dolorosa. En este periodo, algunas mujeres también experimentan sofocos, sudoración nocturna, cansancio, irritabilidad y ansiedad; además, aún existe riesgo de embarazo.
La menopausia, por su parte, acontece cuando ya han transcurrido 12 meses constitutivos sin menstruación, señalando el fin del ciclo reproductivo, pero no de la vida sexual o cotidiana de la mujer.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la menopausia suele presentarse entre los 45 y 55 años de edad, y en algunos casos desde los 40. Asimismo, advierte que en esta etapa aumenta el riesgo cardiovascular, debilitamiento del suelo pélvico, pérdida de la densidad ósea (osteoporosis), entre otros.
Sin embargo, el impacto no se limita al plano biológico. A nivel global, también trasciende en el ámbito laboral; al respecto, un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) del 2024, señala que más de mil millones de mujeres en el mundo viven la menopausia y que una de cada cinco enfrenta incomprensión en el trabajo, desde la falta de flexibilidad para acudir al médico hasta dificultades por los bochornos o el acceso al tratamiento hormonal.

Menopausia y derechos humanos
Frente a este panorama, el enfoque de derechos humanos ofrece un marco para entender la menopausia no solo como una etapa de cambios físicos, sino como una cuestión de justicia social. Desde esa perspectiva, garantizar una atención integral es clave para asegurar el derecho a la salud, a la información, a la no discriminación y la autonomía corporal de las mujeres, promoviendo así una mejor calidad de vida y un envejecimiento saludable.
En esa lógica, la Convención sobre la eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), ratificada por Bolivia, señala que los Estados están obligados a eliminar la exclusión en el ámbito de la salud y asegurar una atención adecuada en los sistemas públicos de sanidad, antes, durante y después de este proceso.

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Esa obligación internacional es la que recoge Mónica Bayá, Secretaria Técnica de la Comunidad de DDHH en Bolivia, al señalar que la menopausia afecta a todas las mujeres, y que, por ello, el Estado debe abordarla desde un enfoque de derechos humanos, integral e intercultural, tanto en la atención como en la información que se brinda.
“Mirar las necesidades diferenciadas que tenemos hombres y mujeres en torno a prestaciones y servicios en general, es un elemento sustancial al momento de definir las políticas y las prioridades en el ámbito de la salud. Esto incluye aspectos como el acceso a la información y que los medicamentos no dependan de las posibilidades económicas de las personas, sino que sean parte de las obligaciones que tiene el Estado de garantizar este derecho sin ningún tipo de distinción”, señaló.

Bayá, también resaltó que en Bolivia existe paridad demográfica, por lo que esta etapa no es un tema aislado, sino una realidad que en los próximos años afectará a gran parte de la población femenina. “Aproximadamente el 50% son mujeres, esto debería resultar en que sea prioritario dentro de las políticas de salud por parte del Estado. Asimismo, toda política y asignación de recursos para contar con servicios y medicamentos, implica hacerlo desde un abordaje y perspectiva de género”, manifestó.
Ese 50% corresponde a 5.682.835 mujeres que, en algún momento de su vida, atravesarán la menopausia, según el último Censo Nacional de Población y Vivienda 2024. Si bien las estadísticas no registran de forma directa este proceso como un fenómeno biológico, sí ofrecen datos que permiten dimensionar su magnitud.
En esa línea, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), actualmente en Bolivia hay 791.317 mujeres entre los 45 y 59 años que probablemente están en la menopausia. Si se amplía el rango a la etapa de transición (perimenopausia) desde los 40 años, la cifra supera el millón cien mil (1.160.266). Detrás de esos números hay rostros de mujeres que viven o vivirán esta etapa en silencio, con estigmas sociales y olvidadas por un sistema de salud que no las acompaña.

Vivir la menopausia en Bolivia
Las estadísticas dejan de ser números cuando se traducen en historias concretas. En el país, qué más de un millón de mujeres se encuentren posiblemente atravesando la perimenopausia y menopausia revela un desafío de salud pública de gran magnitud, no solo por la falta de registros actualizados, sí no porque miles de mujeres enfrentan cambios físicos y emocionales sin el apoyo adecuado; como le ocurrió a Wanda Torrico, ex profesora en el municipio de San Borja, Beni.
«Nunca pensé que me afectaría de esa forma, incluso creía que la menopausia me llegaría después de los 50, pero se adelantó diez años; los síntomas fueron repentinos, fatiga, dolor en el vientre, periodos menstruales irregulares y cambios de humor. Decidí buscar ayuda y fui al hospital, le dije a la doctora: yo siento que ya estoy en la menopausia, leí algunos artículos, participé en charlas donde orientan sobre esos calores y cambios de carácter, pero ella me interrumpió y dijo -No, eres muy joven para eso- y solo me recetó hormonas, las mismas que se usan como anticonceptivos; después de esa situación no volví más», cuenta Wanda.
A esta mala experiencia se sumó la pérdida de su empleo, ya que la persistencia de los malestares la obligaron a dejar de trabajar, afectando de manera directa su economía familiar. «Yo trabajaba como profesora, pero las molestias eran tan insoportables que me preocupaba afectar a los demás, especialmente cuando se presentaban los cambios de humor, a veces enojo y otras ocasiones nerviosismo. Entonces tomé la decisión de retirarme, no deseaba hacerlo, pero sentí que había cambiado demasiado y no quería dañar la buena relación humana con mis estudiantes», lamenta.
Falencias del Sistema Universal de Salud
El relato de Wanda no es un caso aislado; refleja, más bien, las falencias de un sistema de salud que no ofrece una respuesta integral a la menopausia.
Ante el silencio de las autoridades del área, quienes no respondieron a las solicitudes de entrevista para este reportaje, la perspectiva de la medicina complementaria surge como una vía necesaria para dimensionar los vacíos en políticas públicas.
Sonia Muñoz, especialista en medicina integral bioenergética, señala que durante su carrera ha tratado a mujeres con menopausia de forma natural a base de nutrición adecuada, actividad física, apoyo emocional, suplementos y plantas medicinales. «Estos elementos son fundamentales para fortalecer a las mujeres y atenuar la ausencia del tratamiento hormonal», una carencia evidente en el sistema público de salud donde el acceso a medicamentos específicos es limitado o inexistente.
Al analizar la atención pública actual, la especialista identifica dos fallas estructurales: la nula prevención y la falta de información. Muñoz advierte que la medicina convencional rara vez prioriza la prevención; sin embargo, si el cuidado comenzara entre los 35 y 38 años, muchos de los síntomas que afectan la calidad de vida podrían evitarse. «Para que eso suceda, es importante contar con espacios de información», subraya, aunque reconoce que las barreras presupuestarias influyen en la implementación de programas.
Ante este panorama, la especialista sugiere un cambio de paradigma «la medicina convencional debe integrar a la complementaria, de modo que ambas contribuyan a transformar la percepción social sobre la menopausia». De acuerdo a la explicación, solo mediante un modelo que promueva la prevención y derribe los tabúes y estigmas culturales se podrá garantizar que las mujeres transiten esta etapa con plenitud, autonomía y sin miedo.
Sin embargo, la propuesta de un cambio de paradigma tropieza con una realidad fragmentada; en Bolivia, la mayoría de los centros de salud especializados se encuentran en las ciudades y para una mujer que vive en provincia, acceder a una consulta médica implica viajar largas distancias, lo que conlleva costos de transporte y alimentación que muchas veces no puede costear.
En ese contexto, Sonia Quispe, de origen indígena señaló que la menopausia sigue siendo un tema poco abordado dentro de su cultura, lo que suele generar confusión y miedo cuando aparecen los primeros síntomas.
«Menopausiax Aymara comunidadanakanxa wali juk’akiw parlata urasapax janiw parlapkisa; yaqhipanakax p’inqasiwa, asxarapxiwa. Menopasiata parlañani sipanxa, janiw khitis suma qhanañchapkiti. Qullirinakax janiw qhana arsupkiti aksa tuqitxa. Wali juk’akiw arsutaraki».
Traducción: «En las comunidades aimaras se habla muy poco de esto o no se habla; muchas hermanas sienten vergüenza o miedo y cuando se trata de hablar sobre la menopausia, no hay nadie que lo explique bien. Incluso el personal de salud no sabe cómo abordar claramente estos temas y es algo muy raro en las provincias».

En el área rural llegar a un centro de salud implica caminar varias horas o días.
Además de la falta de información, Sonia explicó que existen otras barreras que enfrentan las mujeres del área rural, como la brecha lingüística, que puede provocar diagnósticos erróneos y exámenes innecesarios; la distancia, que obliga a muchas personas a caminar durante horas o incluso días para recibir atención; y la falta de medicamentos, que muchas veces vuelve inútil el esfuerzo del viaje.
«Centros de salud qullayasiña utanakanxa janiw qullanaksa menopausia ukatakix churasipkiti, kunapachatixa mä warmix qulla mayisir sarkixa janiw utjkiti, qullaña utanakanxa janiw uka qullanakax utjkiti, municipiunakanxa janiw yäqatakiti menopausiani warminakaruxa. Concientización menopausia uksata yatiyañax wali juk’akiwa, mäpita centros de salud comunidades uksanaknxa parlataxañapawabuk ukhamata kullakanakasa Jani usurmukstapxañapataki».
Traducción: «En algunos centros de salud los médicos tampoco nos atienden adecuadamente; cuando una mujer llega a la menopausia, no se cuenta con los medicamentos necesarios y preparados para ella. Hace falta la concientización, los centros deberían acercarse a las comunidades para informar sobre la menopausia», concluye Sonia.
Reflexionar sobre la menopausia desde distintas experiencias y contextos permite identificar las dificultades que existen para el ejercicio pleno de los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos de las mujeres y visibiliza el impacto emocional que enfrentan por la falta de atención adecuada.
Ante ese escenario, la especialista Sonia Muñoz explica que el acompañamiento y la información oportuna son las herramientas clave para reducir la incertidumbre causada por los cambios hormonales; solo así, las mujeres podrán recuperar su autonomía y tomar decisiones informadas sobre su bienestar, integrando lo mejor de la medicina convencional y la complementaria.

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El desconocimiento y la falta de atención diferencial en las zonas rurales y urbanas son solo la primera barrera. En la siguiente entrega de este reportaje abordaremos el impacto silencioso en la salud mental de las mujeres, la precariedad laboral y la factura económica que deben pagar por la escasez de medicamentos en el sistema público.
Este reportaje fue elaborado por REDACTIVA
Periodistas:
Yercía I. Mañueco Valdiviezo
Ruth Norah Oblitas Quispe
Lízeth Rocío Quisbert Llanque
Gabriela Alicia Villarroel Montoya
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