En Bolivia, muchas mujeres atraviesan la menopausia en silencio, sin orientación médica y enfrentando prejuicios sociales y abandono institucional. Frente a ese escenario, Warmi Yasi ha construido una respuesta colectiva que transforma el dolor en acompañamiento y la experiencia individual en resistencia compartida.

“Hablar purifica, hablar sana”, comenta Bishelly Elías, facilitadora de Warmi Yasi, mientras las demás mujeres observan la vela encendida que se encuentra sobre un aguayo multicolor y que a la vez sirve como una mesa tradicional para compartir un apthapi. Sobre el tejido hay frutas, coca, hierbas medicinales, y esculturas que para algunas representan la Pachamama y los cuatro puntos cardinales: agua, fuego, aire y tierra.
Sentadas en círculo, las participantes comparten sus vivencias sobre la menopausia, algunas desde la tristeza, desde el miedo, desde la curiosidad y otras desde el afecto. En una sociedad que suele estigmatizar la vejez y el cuerpo de las mujeres, la palabra se convierte en un abrazo, en un refugio y un puente para comprender los cambios que trae esta nueva etapa de la vida; hablar sana.

Diálogo de mujeres sobre la perimenopausia y menopausia – Warmi Yasi
Hace poco más de dos años, y desde las experiencias de sus mismas integrantes, el colectivo Warmi Yasi inició el acompañamiento a mujeres en “plenipausia” de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz; así llegaron a más de 150 participantes en círculos de sororidad.
¿Pero qué es la plenipausia? Es resignificar la menopausia y entender esta etapa desde un proceso de autodescubrimiento, autocuidado, solidaridad y apoyo mutuo entre mujeres. “Es mirarnos hacia adentro, pero también mirar hacia nuestras hermanas para sanar juntas”, afirmó la facilitadora.
De acuerdo a Bishelly, las actividades cotidianas como el trabajo, los estudios, la maternidad y la crianza afectan en los objetivos individuales y bienestar interior de las mujeres, “empujándolas a ser complacientes” y priorizando el bienestar ajeno sobre el propio. Desde esa perspectiva, Warmi Yasi propone ver la menopausia como una oportunidad para reconectar con la esencia perdida y alcanzar un desarrollo pleno basado en la dignidad y autonomía.
Este proceso, según Elías, inicia cuando una mujer comparte su sentir con otra; la interacción crea una conexión social y emocional que les permite sentirse validadas y cuidadas. “Lo que le está pasando a la vecina también te está pasando; a algunas les afectan más los calores, a otras los calambres o el humor, pero en la medida que lo comparten con otras, empieza un proceso sanador”, resaltó.

Dinámicas grupales de mujeres en la perimenopausia y menopausia
En los círculos de plenipausia, las carencias del sistema de salud se transforman prioridades colectivas. Las mujeres comparten sus vivencias, recetas tradicionales y saberes ancestrales, conectan con su cuerpo a través de la biodanza, el canto, la música y la meditación. Estos espacios no solo son de disfrute o recreación, sino de información, prevención y reconocimiento de su propio valor.
Al respeto, Nina Mansilla, miembro de Warmi Yasi, explica que estos círculos permiten que las mujeres progresen individual y colectivamente porque aprenden que la menopausia no es un tema prohibido, sino una etapa natural de la vida. “Dejar atrás el tabú, la culpa, la vergüenza y decir ‘estoy atravesando mi menopausia’, es romper el miedo a la vejez impuesto por el sistema. No es malo envejecer”, concluyó.
Las palabras de Mansilla cobran fuerza al contrastarse con los datos y experiencias recogidas en los círculos de plenipausia. Una encuesta realizada a las participantes revela que, para la mayoría, esta etapa estuvo acompañada de soledad, vergüenza y miedo.
En detalle, el 35% sintió vergüenza en esta etapa, el 32% soledad, el 19% miedo, un 5% lo tomó con aceptación y solo un 9% se sintió acompañada. El 94% consideró que sigue siendo un tema tabú y que hace falta más información en el área rural; y para el 99% esta etapa afectó su calidad de vida.

A esa ausencia de información y atención integral en salud, también se suma la discriminación con calificativos que refuerzan los estereotipos de género. Al respecto, muchas mujeres señalaron que son tachadas de “loca” en un 43%, “vieja” en un 38% y “no eres útil” en un 25%. Estas etiquetas perpetúan el estigma del envejecimiento, y también evidencian la doble discriminación que enfrentan las mujeres adultas en Bolivia.

Al evaluar la calidad de atención en el sector público de salud, un 47% de las mujeres reportó haber sido tratada con indiferencia, mientras que un 43% recibió información insuficiente o nula sobre su salud.
Pese a este panorama, la encuesta también muestra que la perimenopausia y menopausia pueden transitarse de forma distinta; con más aceptación, acompañamiento, solidaridad y contención colectiva. De ahí la importancia de generar estos espacios de dialogo entre mujeres.
Llamado al Estado
La menopausia no representa el fin de la sexualidad ni de las necesidades de salud de las mujeres, sino una transición biológica que genera cambios físicos, emocionales, psicológicos, sociales y espirituales que requieren atención integral.
Desde esa perspectiva, el Estado boliviano tiene la responsabilidad constitucional (fundamentada en los Artículos 18 y 66 de la CPE) de garantizar servicios de salud que sean oportunos, de calidad y culturalmente adecuados.
Sin embargo, esta obligación legal se desvanece ante una profunda brecha de acceso y atención en el sistema de salud público donde la invisibilidad de la mujer adulta persiste. Nina Mansilla, Socióloga y facilitadora de Warmi Yasi, enfatiza que el Estado, como principal garante de los derechos de las personas, no puede omitir ni desviar la mirada de una etapa importante en la vida de las mujeres. “Es deber del Estado mirar la menopausia porque puede traer muchas complicaciones. Entre los 40 y 50 años se presentan miomas, riesgos de Virus del Papiloma Humano (VPH), cáncer de mama y otros tratamientos como el papanicolau, mamografías o reposición hormonal, que no son cubiertos en su totalidad por el SUS y deberían serlo; no porque sean una enfermedad, sino porque síntomas que interrumpen las actividades normales en la vida de las mujeres, y no todas pueden acceder a esos tratamientos privados”, puntualizó.

Nina Mansilla, Socióloga – Colectiva Warmi Yasi
Asimismo, Mansilla subrayó que la ausencia de registros y datos estadísticos actualizados, limita severamente efectividad del sistema de salud: “Se debería llevar la cuenta o un registro entre la relación de la menopausia y los ciclos de cáncer, miomas, quistes o tumores; solo así será posible diseñar políticas públicas que sean realmente eficientes”, concluyó.
Silencio institucional

Este vacío informativo se suma al silencio institucional evidenciado en la falta de respuesta del área de comunicación del Ministerio de Salud y del SEDES a las consultas realizadas sobre protocolos, estadísticas y campañas de información. La ausencia de información oficial dificulta conocer el alcance de la atención brindada y las acciones implementadas para acompañar a las mujeres durante esta etapa de su vida.
Los testimonios recogidos, junto con la revisión documental y las entrevistas a especialistas, muestran que la menopausia continúa siendo un tema poco visibilizado en la agenda pública y en el sistema de salud. La escasez de datos, la limitada información disponible y la falta de respuestas institucionales reflejan una brecha que afecta el acceso a una atención integral, oportuna y basada en evidencia.
Este reportaje fue elaborado por REDACTIVA
Periodistas:
Yercía I. Mañueco Valdiviezo
Ruth Norah Oblitas Quispe
Lízeth Rocío Quisbert Llanque
Gabriela Alicia Villarroel Montoya
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