Detrás de los malestares físicos, sofocos y los cambios hormonales hay otra realidad menos visible: mujeres que cargan silencio con la ansiedad, pérdida de ingresos y tratamientos médicos fuera de su alcance. En Bolivia, la menopausia revela una doble vulnerabilidad, médica y social.

Impacto emocional
“Tuve que atravesar esta etapa sola”, confiesa Tania, mientras relata cómo vivió la menopausia desde su realidad. “Creo que las mujeres de mi edad todavía tienen dificultad para hablar de estos temas y eso hace que el proceso sea más difícil. Es como ir perdiendo algo, y en este caso la menstruación. También había otros signos evidentes, como los cambios físicos en mi cuerpo; a pesar de los cuidados empecé a subir de peso y todos me lo hacían notar, eso me afectó muchísimo», recuerda con nostalgia.
De acuerdo con el testimonio de Tania Quiroz, Comunicadora Social, estos cambios la llevaron a pensar que la ausencia de la menstruación era señal de envejecimiento, una carga emocional que muchas veces se profundiza por la falta de información y por el entorno que rodea a la mujer, derivando en vergüenza, miedo y tristeza.“Lo tomé como que estaba envejeciendo, esa idea se me quedó marcada y fue muy limitante. En un inicio, empecé a dejarme y abandonarme, era como retirarme de la vida», agrega.
Esa vivencia de soledad y pérdida no es casual; la menopausia también implica cambios emocionales y psicológicos asociados a la disminución de los estrógenos, los cuales pueden influir en el funcionamiento cerebral y manifestarse mediante alteraciones en el estado de ánimo, el sueño, la memoria y la concentración. Al respecto, una investigación del Fisher Center for Alzheimer’s Research, explica que los cambios hormonales incrementan el riesgo de depresión, deterioro de la salud cerebral e incluso Alzheimer; además de bochornos, sudoración nocturna, sequedad vaginal, disminución del deseo sexual y molestias durante las relaciones sexuales.
Frente a este panorama, el acompañamiento psicológico se vuelve una necesidad urgente. Así lo plantea la psicóloga Selva Montesinos, quien subraya la importancia de garantizar el bienestar mental de las mujeres que atraviesan esta etapa, la cual suele caracterizarse por el miedo, angustia, irritabilidad o ansiedad. “No he visto que haya un acompañamiento psicológico en el sistema de salud, siendo que es una etapa que se debe considerar porque existen índices muy altos de depresión y, si bien no se llega a concretar un suicidio como tal, existen ideas recurrentes de quitarse la vida”, afirmó.

A esos factores clínicos se suma la presión social que muchas veces pasa desapercibida. Montesinos resalta que la menopausia no es una enfermedad, sino un proceso natural que requiere atención, cuidado y comprensión, especialmente en una sociedad donde persisten los estereotipos de belleza y los estigmas referentes al cuerpo de la mujer. “Hay una suma de factores en la sociedad, los estereotipos de éxito, de que eres joven, eres bella, eres alta, eres flaca, eres rubia, etc. Y cuando no empiezas a encajar, sientes como que se te derrumba el mundo” explicó.

A partir de ese diagnóstico, la psicóloga concluye que es importante deconstruir y replantear la idea de que la menopausia es el fin de la vida. Por el contrario, debe entenderse como un nuevo ciclo de existencia, con cambios propios de la edad, pero con la misma vitalidad.
Sin embargo, los efectos de la menopausia y la falta de atención adecuada no se limitan a nivel personal; también se proyectan en la vida familiar, laboral y social, especialmente en Bolivia, donde la mayoría de las mujeres asumen las tareas de cuidado en el hogar.
Impacto en la sociedad
De acuerdo con los datos desagregados del CENSO 2024, en Bolivia hay, aproximadamente, 678 mil mujeres entre 40 y 49 años que probablemente se encuentran en la perimenopausia y que, en su mayoría tienen hijas e hijos menores de edad o que aún estudian; esto implica una doble carga laboral y una triple, si además asumen el cuidado de personas de la tercera edad, lo que genera estrés crónico, quiebre de dinámicas familiares, más sacrificio y desigualdad de género.
Esa realidad se agrava por la falta de capacitación y difusión sobre la menopausia en las áreas rurales y urbanas; la ausencia de estos espacios de diálogo y atención perpetúa los mitos que ridiculizan, patologizan o minimizan los cambios físicos y emocionales en esa etapa. Como consecuencia, también se debilitan las redes de apoyo entre mujeres, que son fundamentales, especialmente en contextos de prevención de la violencia.
Impacto económico (pérdida de ingreso y acceso a la salud)
Es importante comprender que la menopausia no solo afecta la salud, también tiene un costo económico que muchas no pueden asumir. Un informe realizado por la Coordinadora de la Mujer, revela que en Bolivia más del 70 % de las mujeres trabajan en la informalidad (comerciantes, trabajadoras del hogar, artesanas) y por ello, no cuentan con bajas médicas niflexibilidad horaria, obligándolas a elegir entre su salud y sus ingresos. En otros casos, la falta de comprensión de las y los empleadores deriva en abandono laboral. Esta situación, no solo profundiza las desigualdades, también reduce la participación profesional de las mujeres en edad de menopausia que poseen experiencia y formación.
A esa pérdida de ingresos se suma otra dificultad: aunque el Sistema Único de Salud (SUS) brinda atención médica y contempla fármacos esenciales para el manejo de algunas condiciones relacionadas con la menopausia, como la terapia hormonal cuando está clínicamente indicada, la disponibilidad de estos tratamientos en los centros de salud públicos es limitada y variable. Esto obliga a muchas mujeres a buscar alternativas en el sector privado, con gastos adicionales que agravan su situación económica.

La brecha entre lo que establece la norma (tratamiento gratuito para la menopausia), y lo que ocurre en la práctica se hace evidente al contrastar la Lista Nacional de Medicamentos Esenciales (LINAME) con las almacenes de las farmacias del sistema público. Mientras el catálogo oficial garantiza opciones como estrógenos conjugados, cremas vaginales y diversas fórmulas de estradiol, en la práctica, varias de estas medicinas no se encuentran disponibles y, cuando están en el sector privado, los precios son tan elevados que resultan inaccesibles para las mujeres que viven al día o que perciben menos del salario mínimo. Esta situación profundiza la desigualdad en salud, acrecienta el riesgo de empobrecimiento y compromete la continuidad de los tratamientos, vulnerando el derecho fundamental de las mujeres a transitar esta etapa adulta con dignidad y autonomía.

Ausencia de políticas públicas
La imposibilidad de acceder a un tratamiento gratuito, integral y adecuado, a pesar de estar contemplado en la norma, es una evidencia de la ausencia de políticas públicas con enfoque de género que respondan a las necesidades reales y específicas de las mujeres en todas las etapas de la vida, lo que deriva en la invisibilidad y desprotección durante la adultez.
Esta exclusión se manifiesta en la asignación presupuestaria; aunque los datos del Censo indican que más de 3.6 millones de mujeres en áreas urbanas y rurales cuentan con cobertura en el Sistema Único de Salud (SUS), los recursos y los planes de atención siguen concentrados principalmente en la etapa fértil de la mujer, priorizando la maternidad y el embarazo adolescente.
Al reducir la salud de una mujer a la atapa fértil, el sistema no solo ignora una transición biológica inevitable, sino, que también refuerza los tabúes socioculturales y machistas que asocian la menopausia con el envejecimiento y la supuesta ‘inutilidad’ de la mujer, obligándola a vivir este proceso en silencio por considerarlo irrelevante y privado.
Esta omisión institucional de políticas públicas niega a las mujeres el derecho a una vida adulta digna; asimismo, la escasez de médicos y medicinas en las áreas urbanas y rurales las fuerza a esperar semanas o meses por una atención hospitalaria que rara vez llega, vulnerando el derecho a recibir atención oportuna y de calidad.
Pero frente a este abandono, también surgen respuestas e iniciativas colectivas que buscan cerrar esta brecha de atención. En la entrega final de este reportaje (Menopausia en Bolivia Parte III) abordaremos cómo algunas colectivas comunitarias se organizan para resignificar la menopausia y ayudar a otras mujeres a enfrentar esta etapa.
Este reportaje fue elaborado por REDACTIVA
Periodistas:
Yercía I. Mañueco Valdiviezo
Ruth Norah Oblitas Quispe
Lízeth Rocío Quisbert Llanque
Gabriela Alicia Villarroel Montoya
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